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sábado, 21 de mayo de 2011

Reflexión

Y empezaron a sonar las campanas del reloj, y a muchos nos cogió sentados ya, a otros en cuclillas. Las manos se alzaron en silencio, y toda la plaza se mostró bajo el mismo latido. Segundos después, los aplausos dieron la bienvenida al sábado, y si uno miraba a su alrededor veía a gente tan de carne y hueso como uno mismo. Las proclamas lo pedían y, tras ellas, miles de personas se encargaban de sujetarlas, orgullosos.

Mañana no acaba nada. 

Mañana es el comienzo, y algo así no puede ser malo.

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