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domingo, 11 de septiembre de 2011

Vulnerables

El día en que muchos de nosotros nos supimos vulnerables no tenía gran cosa que hacer. Hacía menos de una semana que acababa de volver de Inglaterra, donde pasé un verano que todavía recuerdo con una sonrisa en los labios. Retrasé algo mi regreso, tras decidir que valía más la pena hacer turismo en Londres que el esfuerzo por tratar de recuperar una asignatura de segundo de carrera (que suspendería igualmente). 

Acabábamos de comer mi madre y yo, y malgasté la sobremesa tumbado en el sofá del salón, haciendo zapping en una televisión totalmente inundada de imágenes made in USA que no supe digerir como reales. Es mi reacción ante lo incomprensible (ante el horror de una barbarie): fingir que no ocurre nada, alejar la mente de mi cuerpo, ponerme una película y esperar. No sé a qué.

No es una gran historia que contar si me preguntaran qué hacía yo durante los ataques del 11S, lo reconozco, pero es lo que hay. Diez años después, uno coge perspectiva, sigue aprendiendo a mirar a su alrededor bajo la pérdida de la inocencia, y lo único medianamente ingenioso que le viene a su cabeza es aquello del "ojo por ojo, y todos tuertos", que ni si quiera es suyo.

Creatividad marchita en una tarde de domingo, en la que la vida sigue incluso para aquellos que sobrevivieron.

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