Vistas de página en total

sábado, 30 de abril de 2011

Todo va bien

Hay una escena en 'Across the Universe', película probablemente denostada por más de un acérrimo fan de los Beatles (o no), en la que un muchacho comienza cantando a capella el 'Let it be' de McCartney con los disturbios de Detroit como contexto. La imagen escarpa, sin duda, y ayuda (creo) que nunca tres palabras tuvieran tanto que decir en una canción. El montaje en paralelo simultanea dos pérdidas, dos entierros, y el piano arranca por debajo para que la solista del coro prosiga con la versión.

Son dos minutos que he revisado un par de veces esta mañana, mientras peleaba conmigo mismo para no sentarme en la mesa de edición. Y luego he pensado: mis alumnos aprueban, mi jefe está contento conmigo, vuelvo a ser dueño y señor de la casa, la brisa agita, yo estoy sobrio y alguna vez habrá una respuesta (como también dice la letra). 

Todo va bien.

La brisa

No hay nada como el alcohol para desinhibir cuerpo y mente. 

Es algo que tengo comprobado desde mi fase oral y en lo que me he ido reafirmando en todo este tiempo. Es algo, también, especialmente necesario para nosotros, los tímidos de oficio, que nunca nos hemos acercado a la chica para invitarla a una copa ni hemos encontrado en el espejo las razones para que fuera la chica quien se nos acercara a nosotros. 

Por eso y por tantas otras cosas recurrimos al alcohol, sin duda (mientras escucho a Tom Petty) en cualquiera de sus formas. La edad, quizá, o los efectos secundarios, me inclinan por un buen (o mal) vino, porque con una copa delante soy más consciente de la brisa que agita la copa de los árboles y de repente todo entra en una extaña armonía. Uno se siente más ínfimo y más grandioso a un tiempo, y las ganas, los malentendidos, los silencios, las espinas que quedaban clavadas... se curan con las palabras que no nos dejamos dentro. 

Con los actos que sólo habitaban en la imaginación.

jueves, 28 de abril de 2011

Balance de resultados

Ayer pensé muy de mañana que todos somos sociedades limitadas unipersonales, con o sin carné. Así, sin más. 

Y es que estamos a todas horas valorando riesgos en el juego, midiendo la toma de decisiones, implementando (o conservando) nuestra cartera de clientes, declarándonos en quiebra, escrutando el mercado, invertiendo, pidiendo microcréditos, tratando de ser productivos, no perdiendo el ojo a la tesorería y, a la hora del cierre, comprobando una y otra vez si cuadran el debe y el haber.

María

Sólo piso una iglesia en bodas, bautizos, conciertos y funerales. En las tres primeras suelo vestir corbata o cámara de vídeo, según la ocasión, pero hoy me tocó la cuarta opción, y en eso no me pega ninguno de los dos complementos. 

El cura comentó tras el sermón el pasaje en el que Jesús se aparece resucitado a dos que se sumaron al festín de la última cena, y hablaba de la desolación del cristiano si pensara que tras la vida no hay nada, o de que el dolor compartido pesa menos, entre muchas otras cosas igualmente profundas. La mayoría se santiguaba, cantaba las canciones y salía a comulgar. En el otro extremo la gente como yo, que cuanto más trataba de abrirme a la ceremoniosidad del acto más tonterías se me pasaban por la cabeza (hay veces en las que uno no sabe estar a la altura). Y tampoco sabe uno qué decir en esos casos; entre estar pendiente de saludar a prim@s y consortes, tíos, tías y demás conocidos, o cuidar que la camisa no se salga del pantalón... uno se ve excedido por los compromisos protocolarios, así que la doble palmada y algún "vaya palo" (frase a la altura de un prepúber) he tratado de salvar la papeleta.

No recordaba el camino al cementerio, por cierto, porque siete u ocho años hacen olvidar muchas cosas. Una vez allí, ver la cara de tus hijos mientras te portaban y la de tus hermanas mientras eras enterrada me ha hecho que se me humedecieran sin querer los ojos. (Un fallo lo tiene cualquiera.) Tantas gafas de sol disimulan muy bien una lágrima, y se me ocurre que apenas si lloramos por ti sino más bien por nosotros mismos, que te perdemos. 

Me quedo con tu imagen en la cocina, con cara de muy mayor (igualita que el abuelo), con los brazos llenos de marcas, agotada pero sonriente y rodeada de dos de tus nietos. Te diría entonces eso de "cuídate" al despedirme, supongo (lo que hago a menudo), y creo que pensé: "quizá haya sido la última vez que la vea". Uno a veces quisiera saber cuándo ocurre eso, lo de la última vez de tantas cosas, para así elegir bien lo que hace, lo que tiene que decir y luego recordar todo eso con orgullo.

Como todavía no he adquirido ese poder, te lanzo un beso y un abrazo desde estas líneas. No sé si te llegarán, pero uno siempre se queda más tranquilo y sabe (porque lo leyó vete tú a saber dónde) que hay cosas que sobreviven a la muerte: el arte, el amor o el recuerdo son sólo tres de ellas.

martes, 26 de abril de 2011

Piloto

Y llegó un día marcado en el calendario, aunque con tinta invisible: la visita al piso piloto. Suena extraño, porque ni es tu piso ni estás en esa fase de picoteo de aquí para allá para decidir dónde vas a plantar el culo durante los próximos años, pero para el de al lado firmante, que se metió en este lío hace casi ya un par de años, pasar de ver un dibujito a escala a palpar cómo será el váter en el que pasarás tantos y tan buenos momentos es un paso del cual me he querido hacer eco. Disculpen mi entusiasmo.

Maldita visión espacial. Es como si ya hubiera estado ahí antes. Ahora el dormitorio, a tu derecha el baño. Y yo haciendo fotos, como un japonés, y anotando mentalmente: "aquí va la toma de teléfono, aquí un punto de luz, arriba la llave de paso, y los armarios... joder, 500 euros cada uno... va, sin armarios, ¿y la persiana de la cocina?, hay gotelé en el techo" bla, bla. Y todo esto entre amigos, claro, con otros diez o quince futuros vecinos, entre los que me fijo nada más entrar (por el salón) en la de enfrente, compañera de rellano y probablemente necesitada de sal y otras cosas en algún momento de nuestro largo y esperado futuro casijuntos. (Suspiros.)

Un primer paso, insisto. "¿Y cómo pondré el sofá?" Grita mi cabeza. "Calla, hombre, ya habrá tiempo", le respondo. Y así, un debate a dos bandas que me agota en el ratillo que estás dando vueltas, mirando y remirando. ¿Y será luminoso? ¿Y aislan bien las ventanas? Oh, bullshit!. Si con que no me moje si llueve y tenga dónde enfriar la cerveza, de verdad que me contento. Viviré como un eremita ahogado en su deuda y sin dinero para calefacción, si las cortinas combinan o no con el añil de tus ojos no es algo que me preocupe por ahora, darling.

Y ahí vamos, haciéndonos mayores con eventos de este tipo, lanzando guirnaldas al aire y tocando el trompetín. Como extra, además, te regalan kilo y medio de acojono para que te lo lleves y lo calientes antes al microondas. Minuto y medio. Al sacarlo, no ves en él las ganas de autodependencia, no, que esas ya las pones tú, sino la inquietud de si te dejarán o no explotarlas (las ganas).

domingo, 24 de abril de 2011

En plural

Utilizas “nos” cuando dices que las alubias te gustan en salsa de tomate. El detalle se extiende a muchos otros gustos que, parece, compartís, y es curioso porque yo no me recuerdo utilizar la primera persona del plural de esa forma. Parece que, en todo momento, trataras de demostrar(me) que lo vuestro funciona, que sois así, pares, y que lo tenéis tan asumido que hasta desemboca en vuestra manera de hablar de las cosas más cotidianas. A mí, que en el fondo me trae sin cuidado si te gusta con o a tu compañero sin, sólo se me puede ocurrir preguntarme hasta qué punto os habéis adaptado el uno al otro, y en qué os parecéis al vosotros de un tiempo atrás. 

Con la moviola surge también la idea de hasta qué punto me muestro transparente o no en los demás. Si me preguntan, soy capaz de responder a veces, pero reconozco que es complicado cuando tanto me es indiferente. Y también dudo en eso, en si es indiferencia o simpleza (y tengo miedo por si la encuentro). Pero no, no me creo simple del todo, sólo pereza al hablar sobre según qué temas, ni siquiera en singular. (Lo que uno más conoce, con quien uno más tiempo pasa.)

A mi bisabuelo Benito su entonces novia le preguntaba: "¿te pasa algo?" y él respondía "no". Le volvía a preguntar: "¿te pasa algo?" para recibir la misma respuesta. Así hasta tres veces,  y concluía: "entonces es que serás así". Pues eso.

Miscelánea

Decía Chaplin que la vida es una obra de teatro que no permite ensayos. Por eso, nos animaba a cantar, reir, bailar, llorar y, en definitiva, vivir intensamente cada momento antes de que bajara el telón y la obra terminara sin aplausos.

De eso creo haber hablado alguna vez en este blog, pero lo de arriba no deja de ser parte de un pequeño esfuerzo por memorizar lo que aparece escrito en el mes de abril de tu habitación, hoy no estoy para chapas y vete tú a saber si lo dijo Chaplin o la madre que lo parió. Mientras tanto, la ciudad se me ofrece como una fantasma de sí misma que invita a reencontrarme con viejos (des)conocidos, como esa frase que bien podría formar parte de un guión de sobremesa: de sexo nunca hablo, de sentimientos no tengo de quién hablar. Sale el sol y se encapota con la misma variabilidad con la que oscila mi estado de ánimo. Estar de Rodríguez me adelanta lo que será mi vida en breve y, mientras tanto, todavía me es complicado desenredarte de mi cabeza, como dicen las canciones.

Miscelánea de resurrección (servir en vaso frío).