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jueves, 30 de junio de 2011

homosexualidad y esperanza

Copio a continuación el texto publicado en la página web del Obispado de Alcalá, y que puede leer (y releer) en el enlace: 

http://www.obispadoalcala.org/homosexualidad.html

Para que cada cual vomite a su manera.

<<Como propuesta a la libertad de nuestros lectores, y desde el más exquisito respeto hacia todas las personas, se introduce en este apartado, a la luz del Magisterio de la Iglesia, una primera aproximación al tema de la homosexualidad.

Es capital recordar, actuando en consecuencia, que los hombres y mujeres que experimentan una atracción sexual hacia personas del mismo sexo “deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta.” (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2358)

La Iglesia Católica enseña en su Magisterio que es necesario distinguir entre las personas que sienten inclinación homosexual, la inclinación homosexual propiamente dicha y los actos homosexuales.

Por otra parte, la comprensión e identificación de la orientación sexual de una persona puede cambiar en el transcurso de la vida; es posible la esperanza. Así pues, si alguna persona desea un cambio o evolución, o quiere formarse sobre este tema, desde el respeto a todos, informamos de los siguientes textos y recursos.

En lo referido a los menores de edad conviene recordar que “los padres, por su parte, cuando advierten en sus hijos, en edad infantil o en la adolescencia, alguna manifestación de dicha tendencia o de tales comportamientos, deben buscar la ayuda de personas expertas y calificadas para proporcionarle todo el apoyo posible.” (Sexualidad Humana: Verdad y Significado, n. 104. 08-12-1995. Pontificio Consejo para la Familia).>>

martes, 28 de junio de 2011

Imagen

Que viene del latín imitari (imitar). 

Eso es lo que se les propone ahora a los empleados de Mercadona, así que ya no podré trabajar para ellos y un sueño menos sin cumplir. Claro, dónde voy yo con mi barba de semana y media, mis pendientes y mi estilo al combinar tacones con tirantes. No doy buena dosis de eso que piden, y a ver quién va a querer pasar por mi caja registradora o consumir los productos que con tan mala facha depositaría en los estantes desde mi traspalé. Lo entiendo... no, no, de verdad. Es la misma regla de tres que me hace repudiar los kilos de maquillaje fuera de un escenario, la laca como norma o el nudo Windsor en las corbatas, sólo que la suya es Directa y la mía Inversa (la regla de tres). 

Siempre he tenido problemas, no se crean, con esto de afeitarme los meses primos, no vestir (ni comprar) ropa de marca o hacer de mi piel un lienzo. Mis notas académicas bajaron notablemente a raíz de taladrarme el pezón izquierdo y mi capacidad de abstracción se esfumó nada más convertir mi flequillo borjamariano en rasta. 

Un desastre.

Así que desde aquí mi respaldo a tan notable idea y mi leal compromiso a denunciar cualquier acto de traición en cualquiera de sus empleados. No seré yo quien tolere atentados contra lo evidente en pleno siglo XXI ni recuerde a quien escuche que Imagen e Imaginación comparten algo más que un origen  común.

(Que la segunda es algo más que una muestra de inteligencia.)

La noche más corta, o no

Regreso de festejar la noche (erróneamente) más corta, ésa que no coincide con el solsticio de verano, y en donde se encienden hogueras para dar más fuerza al Sol, que a partir de dos o tres días atrás comenzó a debilitarse. 

Es fácil encontrarse a uno mismo tras el baile de las llamas, mientras siente cómo se le quema la cara, se le dilatan las pupilas y cobran vida los sueños de una noche de verano. Celebra uno su propio parto, y al tiempo quema promesas talladas en un papel, otorga digno entierro a sus apuntes, ensaya el salto de longitud y apura la espuma de su cerveza. Todo es bonito en San Juan, como aquel año en el que me prometí a mí mismo tantas cosas.

Pues sí,

me da muchísima pereza leer entradas de blog que se pierden scroll abajo, y más aún escribirlas (aunque alguna que otra caiga, de cuando en cuando). Será el efecto "pantalla" del que hablabas, eso de que para leer muchas líneas mejor un trozo de papel. 

Prediquemos con el ejemplo.

domingo, 26 de junio de 2011

Stonewall Inn

El 69, aparte de un gran número, fue un buen año. Al menos para el movimiento por los derechos civiles en general y el de gays y lesbianas en particular. 

Dentro de un par de días se conmemora la reacción de unos pocos ante la redada policial en un local de mala muerte (y controlado por la mafia) situado en el Greenwich Village de Nueva York. Las elecciones municipales estaban a la vuelta de la esquina, y el empeño por "limpiar" ciertas áreas como Times Square o esa otra zona al sur de Manhattan hizo (entre otros factores) que aumentaran ese tipo de actuaciones policiales. 

El procedimiento solía ser rápido, entraban en los (bien localizados) pubs gays de la época, se encendían las luces, y todos los allí presentes tenían que abandonar el local e identificarse. Algo rutinario, pero aquel día (un 28 de junio) simplemente surgió decir que no, que si no estaban haciendo nada malo, ¿por qué tenían que irse? Y claro: se lio parda.

Unos días más tarde, unos ciento cincuenta o doscientos manifestantes se reunieron en ese punto para marchar Sexta Avenida arriba hasta Central Park; iban acojonados, pero durante la marcha se les fueron sumando más y más refuerzos, los doscientos se convirtieron en dos mil y aquello fue una fiesta. Pero ¿por qué tener miedo? Si nos ubicamos en aquel entonces, hablamos de una sociedad en la que chavales quedaban para darse una vuelta en coche sólo y ver maricas; la homosexualidad era considerada una enfermedad castigada en algunos casos con lobotomías o castraciones; quienes servían en un cuerpo oficial y eran tachados de sarasas eran automáticamente expulsados e impedidos para futuros empleos, por no hablar de aquellos que eran repudiados por sus propias familias.

Nueva York, y más concretamente ciertas áreas, era un respiradero para todos aquellos que querían besar en público a otro de su mismo sexo o para aquellos hombres que gustaban vestir de mujer (llevar menos de tres prendas propias de tu género podía aun así acarrear la cárcel: los calcentines no contaban). La libertad, no obstante, era relativa, y al ser vetados en cines, hoteles y demás lugares para tener encuentros sexuales, optaban por esquinas y se apoltronaban de noche dentro y fuera de trailers que durante el día habían servido de almacén de carne cruda. 

Siempre hubo guetos, supongo. 

El caso es que aquella manifestación, origen de las que cuarenta años después se siguen celebrando durante estas fechas por medio mundo, supuso el primer paso hacia la libertad de un colectivo deseoso de ser tratado como unos ciudadanos más. Mostrarse más allá de la calle 10, alzando pancartas de todo tipo pidiendo sencillamente 'respeto', fue el principio de todo lo demás, y recuerda a las revueltas que, antes y después, siguen escribiendo la historia demostrando que sí, que hay que cumplir la ley, pero sólo cuando la entendemos como justa y equitativa para todos. 

Cuando esto no sucede, no tenemos por qué someternos a ella, y encararse y gritar y hacernos ver y volver a gritar hacia lo que creemos que ha de cambiarse puede hacer que, dentro de otros cuarenta años, alguien eche la vista atrás hacia lo que hoy podamos o no estar haciendo, y hasta logre emocionarse al recordarlo. Eso significará que éstabamos en lo correcto.

sábado, 25 de junio de 2011

Pocoyo

Con el tiempo voy descubriendo que nos parecemos en algunas cosas, y eso no te deja en muy buen lugar, pero  qué le vamos a hacer a estas alturas. En esto no sé si hay cosas que se van pegando o si polos del mismo signo deciden no alejarse tanto, ni si fue antes el huevo o la gallina (y por que cruzó la carretera); el caso es que son muchas las preguntas, y ya empezamos a tener edad para plantearnos algunas respuestas.

Confío en que al menos una o dos las encontremos juntos en un futuro próximo. Bienvenido tú también a la edad del hardcore: a ratos podemos hasta creer que estamos mejor que nunca.

jueves, 23 de junio de 2011

Pregunta por ti

El otro día me asaltó esta canción: resquicios de adolescencia.

Pregunta por ti, se acuerda de ti.
Conoce las calles y todo de ti.
Enciende una hoguera de amor para ti,
te envía postales y llora por ti.

Y a quién le importa si eres redondo como una pelota,
tuerces la vista, calzas cincuenta  
o eres más alto que todas las puertas.

Quiere que vayas con ella al mercado
y comprar una bolsa de fruta,
quiere morir de morder el pecado.

Pregunta por ti, se acuerda de ti,
conoce las calles y todo de ti.
Enciende una hoguera de amor para ti,
te envía postales y llora por ti.

Y a quién le importa si eres pesado
aunque no se te nota, débil, oscuro,
borde, cobarde, torpe que pierdes el ritmo en el baile.
 
Quiere que vayas con ella a los cines,
y comprar un paquete de nada
y que apaguen la luz y morir abrazada.

Y en su soledad es como tú,
inventa historias como tú,
y es ya tu novia y está encantada,
tu primavera, tu enamorada.

Quiere que vayas con ella hasta el río
y buscar a la bruja del bosque  
que sabe cosas de amor y esos líos.
 
Pregunta por ti - Pedro Guerra (Tan cerca de mí)