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miércoles, 5 de enero de 2011

Para siempre

Para siempre niega al nunca. No te olvidaré nunca... Te querré por siempre... ¿Hasta que la muerte nos separe? Luego no quiera el cielo o el infierno que nos volvamos a encontrar.

Estas dos palabras sobrepasan mi compromiso ante nada. No sé cómo me despertaré mañana, y cada día es una guerra en busca de esa felicidad que siento cada día más lejos. ¿Cómo puede ser algo para siempre en mi vida? Bastante me ocupa entender lo que ha sido y no cagarla en lo que es. ¿Qué será, será? Mi cabeza no da para más. Esto es ciencia, formulo hipótesis y a lo máximo que llego es a inferir que si golpeo una pared la pared me devolverá el golpe. Pero no existe el cien por cien, ni siquiera en eso. Malditos átomos...

Y todos lo hemos sentido alguna vez. Nos hemos visto envejecer con esa persona, y conservar tu número en la agenda, y encontrar respuesta en los mismos ojos. Debe ser que en nuestra infinita insignificancia no nos conformamos con la mortalidad, y sentimos la necesidad de algo seguro, el miedo a lo desconocido, y ese amor que nos desborda...

Y fueron felices para siempre. Porque en el cuento se buscaba un final bonito.

martes, 4 de enero de 2011

Eclipse

Tu presencia se asemeja a este eclipse.
La luz era distinta, más tenue, y
yo no podía verte.
Tal vez no ocurra más para nosotros,
y la pregunta me asalta al instante:
¿quién serás tú entonces?

Dilluns

Es realmente difícil que una amistad quede ahí con el paso del tiempo. Es imposible evitar un enfado, una discusión o una traición, y me pregunto qué derecho tenemos las personas a hacernos daño, muchas veces sin darnos cuenta. Piensas si realmente eres tan malo o si es el otro sujeto el que te ha llevado a serlo. Y claro, eres humano, y el humano se equivoca, y el humano se arrepiente.
(...) finalmente no hará el corto, y si yo tuviera un mínimo de sensatez y algo de orgullo tampoco debería hacerlo. Desgraciadamente pongo mi fe en estas cosas, y mis ganas de sacarlo me obligan a tener con quién, aunque (...) pero sobre todo yo hayamos sido 'traicionados'.
Supongo que mi actitud en estos momentos está siendo demasiado infantil, y si lo analizo bien incluso absurda y totalmente infundada, pero si tras tantos años de estar con ellos llegas a la conclusión de haber malgastado de alguna manera ese tiempo, algo ocurre. El problema está en que ignoro si son ellos o si soy yo. Quizá seamos todos, pero entonces...

Lunes, 4 de enero de 1999

Una vida después, la noticia vuelve a estar de actualidad.

lunes, 3 de enero de 2011

Schrödinger

Los que no somos guapos aspiramos a simpáticos. Si la conjunción astral es favorable, podemos incluso ser mínimamente interesantes, y entonces todo es más fácil: Venus te sonríe y sabes que eres capaz de volar. 

El que no tiene nada poco tiene que perder, y una persona que tiene poco que perder sufre una tendencia peculiar a hacer tonterías. Le gusta provocar, por ejemplo, porque toda provocación conlleva un cambio que, para bien o para mal, rompe una rutina, y eso mola. Ser provocador a menudo deriva en convertirse en el bufón más o menos oficioso en un determinado círculo, y así, se espera de ese individuo que siempre tenga algo ingenioso que decir que desestabilice la armonía cósmica y convierta la velada en algo extraño. El humor muchas veces radica en eso, en transgredir, en no ser políticamente correcto y llamar a sus cosas por su nombre. Dar la vuelta a la  tortilla, vaya.

El bufón con relativa frecuencia se revela a su vez como el más triste del círculo, porque el humor es lo más serio que soy capaz de imaginarme, amén de agotador. Un hombre triste genera rellazo y crea un perímetro de distancia a su alrededor que defiende a diente y cuchillo. Porque es vulnerable.

No sé qué tiene que ver todo esto con Shrödinger, y mucho menos con su gato, aunque todo esto iba encaminado a una seudocharla sobre la potencialidad y las probabilidades, para llegar a la conclusión (si es que hay alguna) de que hasta que no hagas algo, no puedes concluir el resultado. Supongo que así está hilado, de alguna forma. 

Otro día hablamos de la superposición cuántica y los universos paralelos, si eso.

Desempolvo

el viejo diario del 99, ese año que marcaba un fin de algo para todos, y reencuentro esa canción.

Here is my song for the asking
Ask me and I will play
So sweetly, I´ll make you smile
This is my tune for the taking
Take it, don´t turn away
I´ve been waiting all my life
Thinking it over, I´ve been sad
Thinking it over, I´d be more than glad
To change my ways for the asking
Ask me and I will play
All the love that I hold inside

Paul Simon, 'Song for the asking' (1970)

domingo, 2 de enero de 2011

palabras

No sirvió para nada que llenaras el cántaro de miel.

Siempre he estado en medio, creo. No he sido capaz de formar parte de nada. Sintiéndome parte he podido pensar que me anulaba en la medida en que no era más que una pieza de algo más importante. Ha podido ser también la aversión hacia las etiquetas, hacia ser acólito de nadie. Miedo a apostar, a lo mejor, o a intentar arreglar las cosas entre polos opuestos, creyéndome prescindible en las disputas de otros. Es el problema de querer comprender a los demás y hacer el esfuerzo de ponerte en la otra piel, y la frustración de saber que a menudo eso es imposible. Lo sé. 

Arranca el día 2 con la misma extrañeza con la que he querido dejar atrás la década anterior (si es que la década no terminó un año antes). Sigue habiendo las mismas mentiras, los mismos falsos propósitos y las mismas sonrisas que encierran un 'yanosveremos' que nunca llega. Formo parte de ese circo, lo reconozco, y ya no es que cada vez me dé más asco, porque eso ya lo pasé, sino que ya no sé muy bien si soy el payaso gracioso, el payaso tristón o si he nacido para domador de leones. Estoy muy de vuelta. Llevo muchos años estándolo. Lo que no entiendo lo dejo a un lado; lo que entiendo y no sé cómo arreglarlo, lo dejo estropeado sobre el mismo estante. He probado a callar y a no hacer nada, me he encomendando a una solución espontánea en forma de ángel que me solucionara la vida, pero esto no es una película de Kapra. Callar ha provocado más silencio a mi alrededor, y no hacer nada ha generado más soledad. 

Echo de menos más palabras y el poder de saber emplearlas correctamente. Para llamar a cada cosa por su nombre. Para ser más y más consciente de lo que ocurre tan cerca de mí. Para que, usándolas, anime al resto a hacer lo mismo. Callar no es la respuesta. No callemos, ni hagamos como si aquí no ha pasado nada, porque pasan cosas, y si no salen de vez en cuando a la luz se aquilosan en el alma y te las llevas tan lejos que luego no sabes cómo traerlas de vuelta.

Es el momento de un cambio. Es el miedo que genera la mosquita muerta. Emborracha a un tímido y acércale un micro. Dale los mandos a un necio y dile que nos guíe. Este blog es fruto y parte de esa fase de transición, catalizadores aparte. ¿No pedí nada para este 2011? Me retracto. Pido más cambios. 

Y estoy en ello.

sábado, 1 de enero de 2011

milcientoonce


Nacemos y morimos con frecuencia. Entramos en valoraciones sobre qué tal esto o cómo fue aquello y nos perdemos en balances y propósitos de año nuevo. No está mal, somos así. Hemos enterrado un año con nacimientos y muertes repentinas, y los que nacieron morirán algún día, siendo igual de grandes que sus viejos y logrando triunfos más impactantes. Ocupamos demasiado poco tiempo del total para que nos tengamos que sentir importantes. Limitémonos a pasar un rato agradable.

Entierro yo también el año con lo vivido a cuestas: la mochila cada vez está más llena de trastos que pueden serme útiles en un futuro, y también encuentra su hueco el lastre que sólo sirve para ir más cargado. Al nuevo le doy la bienvenida sin más. Es el peso de los días.

Escribiré. 

Es lo único que prometo. Me quedan muchas tonterías que decir.