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viernes, 24 de diciembre de 2010

Hoy (por mañana)

Acabo de escuchar esa canción. 

Ésa que me escarpó la piel desde el primer anfiteatro y me hizo amar al mundo. "Oh, Señor, óyeme, sé que Tú siempre escuchas mi voz." Valjean pide algo entre violines por vez primera y única en toda su vida. Y no lo hace por él.  Es un gesto extremadamente altruista y dolorosamente honesto. Fue bonito.

No somos Valjean, pero queremos serlo, y esta noche trataremos de imitarle por un rato. Trataremos de ofrecer una sonrisa. Un mensaje positivo y un "te quiero" al vecino. Porque en el fondo hay algo bueno en todos nosotros, y si no lo creo así de qué me serviría escribir esto. Sea lo que sea, puede además que sólo necesitemos una pequeña excusa de cuando en cuando para querer manifestarse, así que atémonos a una cama, giremos el cuello 360º y dejemos que ese demonio grite en arameo cosas inútiles y hermosas. No basta con sentirlo. Hoy no, porque lo mismo hay alguien que da un paso al frente y nos da un abrazo en respuesta.

¿Hipocresía? Tal vez.

Mañana no nació nadie en un pesebre. No lo celebremos. Los antiguos miraron arriba, vieron un círculo grandote y amarillo y le hicieron una fiesta con panchitos y carracas. El resto es mentira. Pero para eso hay otra canción (es la magia de Broadway) que te llena algo por dentro y te obliga a levantarte en armas, echarle cojones y cambiar de una puta vez este planeta.

"Otra vez, un día más, sale el sol."

Feliz Navidad.

nkara

Eres el motivo principal de este blog. Quizá no te baste. Quizá te resulte del todo indiferente, o veas en esto un intento de respuesta forzada a aquello que hayas podido escribir sobre otra letra diferente. Pero lo eres, ¿qué culpa tengo? Y para mí es importante. Octubre y noviembre eran meros ensayos estilísticos que me quisieron preparar para el momento de conocerte. Recibir aquel email. Picarme. Imaginarte con una curiosidad improvisada por saber si hay algo nuevo. Sí, ya sé, no es algo emocionante: es un blog. Hay millones. El fondo es un mapa manido y la tipografía lo suficientemente anodina para que no diga nada de mí (mi letra "mira" hacia la derecha), pero escribir cada día y saber que eres tú quien lo lee me mantiene alerta y me convierte en alguien menos inerte que antes.

A

menudo, cuando terminas de decir cualquier cosa, concluyes la frase huyendo de mi y encuentras salida en tu lado natural de escape. Quedas callada, pensativa y con la mirada aparentemente perdida. Aguantas unas milésimas, hay que estar muy atento porque si no son apenas perceptibles. Sin previo aviso juntas los labios de forma casi violenta, pero no nos engañemos, es un falso final. Una zona valle, donde aparentemente ocurre nada y todo a un tiempo. Ahora viene lo mejor, cuando frunces levemente los labios contra la nariz, a lo Elisabeth Montgomery, regalándome un matiz de sonrisa, adelanto de lo que viene después. Sincronizas ese gesto con un amago evidente por querer cerrar los ojos, lo que multiplica el bruno de su abismo. Éste es un momento crítico, te puedes perder en ellos. Tus ojos. Superado el trance, continúas sin darme un respiro. Se acabó tu lado, vuelves a mí. Lo lógico es que me encuentres sosteniendo la mirada, fascinado. Hay un instante de comunión, y a pesar de haberme resistido durante todo este tiempo, acabo perdiéndome en tus cuencas. Tú lo percibes de inmediato y resuelves el desliz rompiendo en sonrisa, en esa sonrisa simétrica, canónica y casi perfecta, clímax necesario del relato anterior, final verdadero. Principio de todo lo demás.

jueves, 23 de diciembre de 2010

Cartas de Guerra - 1. Capitán

'Allá donde remonta la turbia mirada las disputas ya eran a fuego.
Peones afilados y con férrea armadura, adoctrinados por la hija de Júpiter
en técnicas de guerra, caían en campo santo.

Soldado que tantas veces disparas antes de preguntar,
aprendiendo del capitán aquel que anduvo la senda que hoy recorres,
un tercio con tequila o Bourbon compartisteis ya.
Te reconoces en su afilada mirada porque en la guerra,
sin fusil y en avanzadilla, alguna mísera loma también llegasteis a conquistar.

"¡Insolente soldado! La larga y dura guerra nunca se gana por una batalla"
dice el tres de seis puntas, aunque misilazos y metralla destrozan
su puesto de mando.
Yo, desde trinchera de paja, sé que el desaliñado capitán volverá.

Soldado.'

Raúl Cerro Fernández

miércoles, 22 de diciembre de 2010

45470

Dejad de nacer. Dejad de cumplir por unos días. ¿No podéis dejar fechas para otros meses? ¿Para otras épocas del año más aburridas? Es agotador.

Nos tuvimos que conocer en Oporto, aun viviendo a cuatro pisos el uno del otro. Posiblemente hablamos del tiempo alguna que otra vez, entre el bajo y el tercero. Probablemente no nos dijéramos nada. A ti te sonaba mi cara... Normal. Soy un Mr. Potato de metro ocheta al que puedes poner la cara que quieras. A mí la tuya no. Normal, también. A lo mejor porque tenemos la misma nariz, o quizá es que simplemente no me fijo (lástima de guionista). Te caí como el culo, por cierto, te quité la vez sin pretenderlo y a mí si me hacen eso... MA-TO. Luego lo fui arreglando, me transformé en Papito y echarle el lazo a un viejo amigo (palabra manida, sin duda) supongo que hizo el resto. El vino dulce también.

Y eso es todo lo que tengo que decir, to be true. Hoy es de esos días raros donde acabamos convenciéndonos de que lo importante es la salud, y el año que viene habrá más suerte. Suerte la mía, por haberte conocido.

No se puede ser tan buena persona y que no se te cumpla el deseo. Pídelo al soplar las velas.

Lluvia

Mereces otras cosas. Volar, ser libre, vivir del oficio más hermoso, que te entiendan, un amigo, tu otro yo, seguir creyendo, no perder la esperanza... Párame.

Duele escuchar que te sientes la segunda mientras conduzco, porque he llegado a culparme por tu dolor. No ahora. He hecho todo lo que he podido. Hago todo lo que puedo, pero no sé si basta. No sé si te basta, niña, y duele no haberte sabido. No haber sido el hombre de tu vida.

Es una pena, creo que hay personas que no han nacido para ser convencionales, y parece que este mundo se empeña en no cederles ni una palma. Normal que estés cansada. A todos nos agota sentir que no encajamos, y perdernos al buscar qué es lo que falla.

No paraba de llover tras los cristales. Me pregunto cuándo dejaremos tú y yo de hacerlo.

martes, 21 de diciembre de 2010

solo (lo evidente)

me siento solo a veces
solo sin ti
solo por ser yo mismo
solo por ser así
solo por reincidencia
solo por abandono
solo por verte sola
sólo si estás aquí
solo por no quererte
solo porque mentí
solo por no sentirte
cerca de mí