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miércoles, 16 de noviembre de 2011

Coches

- Oiga, he perdido una rueda. ¿La ha visto?
- ¿Es redonda?
- Sí.
- ¿Negra?
- Exacto.
- Pues no, no la he visto.
- Vaya por Dios.

Ya pueden venir quince meses consecutivos de caídas en las ventas, o que el parque de vehículos con más de 10 años de antigüedad ya supone el 45% del total. Sigue habiendo demasiados.

Los garajes están repletos a cualquier hora, las carreteras siguen atascándose según las horas y, hoy por hoy, una calle donde es "fácil" el aparcamiento será aquella que goce de seis o siete huecos dependiendo del día. Pero es que es normal, si desde niños nos volvemos locos con todo aquello que hacer run run y pedimos Rayo McQueenes a los reyes sin aún haber aprendido inglés. 

Somos así, nos mola lo simple: restregar ruedas por los armarios y dar patadas a un balón. Los chupetes de hoy serán los nosotros del mañana, y repetirán nuestros mismos errores. Por eso las autopistas serán cada vez más numerosas y más anchas, para poder llevarnos a 10 km de nuestro retiro espiritual a por el periódico de los domingos, y a 40 de nuestro verdadero hogar: el trabajo. 

General Motors es la primera responsable de que, por ejemplo, L.A. sea una pista de asfalto de 100 km cuadrados. Ya ha ocurrido antes. Así, frente a ideas brillantes del tipo: "el ladrillo nos volverá a sacar de la crisis", no estaría mal que dedicáramos nuestros cinco minutos de relax postcoital a dejar a un lado el cigarrillo y pensar qué coño podemos hacer para poner un granito de sensatez ante tanto y tan mal hecho.

Amén.

martes, 8 de noviembre de 2011

La conciliación

Pocos conceptos tan echados en falta en estos tiempos, en los que (por ejemplo) corres el riesgo de ser etiquetado de vago si sales a tu hora del trabajo. Porque el que concilia encuentra la tierra de nadie entre dos realidades que son opuestas a priori, y edifica en ese espacio un proyecto válido para ambas partes. Y qué bonito. Y qué difícil. 

Es uno de tantos dramas de la vida moderna: lo de no ver la luz del sol más allá de los cristales de una oficina o delegar tu vida social a la agenda del Outlook; y claro, uno se pregunta que si después de miles de años con ensayos, errores, más ensayos (y muchos más errores) en esto de salir adelante, esto es lo que nos toca, triste recompensa la que nos hemos regalado. 

Triste, también, quien confundió modernidad con progreso, pues siempre lo ha dicho mi padre: ¿qué tendrá que ver los cojones para comer trigo?






domingo, 6 de noviembre de 2011

Nunca me aprendí tu cumpleaños,

y durante un tiempo hasta evité tus llamadas. Pero eso no ha impedido que hoy vengas a mi memoria y se me dibuje una sonrisa al redescubrirte entre tantos recuerdos.

sábado, 5 de noviembre de 2011

Bonus (...)

Cerebro: aparato con que pensamos que pensamos.
A. Bierce

Efectivamente, si todos fueran como yo no habría atascos a las 7 de la mañana, ni las aceras estarían llenas de mierda, ni haríamos largas colas en las cajas de los supermercados. Los concesionarios de coches cerrarían, al igual que la empresa que me da de comer, y no existiría el Corte Inglés. Por suerte, no todos son como yo: llegaríamos a 10 millones de parados. 

Es parte de la cadena, porque junto con la vacuna de la varicela nos meten vía intravenosa algún suero mágico que nos incita a hacer estupideces a las que dotamos de un falso sentido. Y ojo, hacer estupideces no es malo, au contraire!, el ser humano es tan maravillosamente complejo que se permite el lujo de hacer cosas tan absurdas como tropezar x veces con piedras & Co., partirse de risa o rozar tus labios sin atreverse a anunciarlo. Lo malo es lo segundo: lo del falso sentido. Por eso hay que escuchar más a los niños (y a los borrachos), que dicen grandes verdades y se permiten el lujo de ser libres para hacer lo que les venga en gana sin sacarse de la manga un porqué. 

Entre las burradas que hacemos, que hemos hecho y que seguiremos haciendo está comprar aquello que no nos podemos permitir, y trincar de nuevo lo que ya tenemos (y sí pudimos permitírnoslo) porque así está escrito en nuestro cuaderno de viaje. Habrá a quien le mole el tema, quien sufra de fácil estimulación pezonil al desenfundar su Mastercard y luego encuentre consuelo en tomarse un Manhattan contemplando su fondo de armario. Por suerte para el resto (insisto) yo no soy así.

Bienvenidos, pues, al blog de un sobrado que os descubre (angelitos) por enésima vez el capitalismo, ese gran invento que llevado al extremo se ha revelado contra sí mismo a costa de gilipollas, espabilados e ingenuos (cada uno que se ubique donde le venga en gana). ¿El resultado? Unos se llevaron los bonus y otros los puntos suspensivos que habitan dentro del paréntesis, que es lo mismo que no decir nada, y en la nada (como dije y dijiste) cabe todo. 

Lo peor de ese todo, me temo, vendrá cuando volvamos a caer en la jodida trampa de siempre, y es que ya puestos a cometer estupideces, prefiero eso de reír o besarte a lo de recrearme una y otra vez en mis propios errores.

domingo, 30 de octubre de 2011

Zancadillas

Tras repetidas zancadillas, te acercaste y me dijiste: "Tienes más paciencia que el santo Job". Tú, a quien siempre tuve un cierto respeto. 

Las zancadillas continuaron (nunca se terminan de recibir), pero sostengo la misma respuesta que te di: "¿Y qué quieres que haga?". 

Entonces me sentí ganador en una batalla que ahora identifico como estúpida y, tal vez, inexistente. Arrebatos de adolescencia, supongo, en los que uno proyecta en el débil su propia impotencia. Cierta humildad no viene mal en otoño, though, y si viene acompañada de confianza en un mismo, el cóctel sería irresistible; pero tengo que ser cuidadoso con el lenguaje: las palabras mal empleadas son capaces de reescribir nuestro pasado, y sigo siendo consciente de lo mucho que aún me queda por aprender. 

Tantos años después, las guerras se visten de Gran Hermano, me he redescubierto como el niño serio e introvertido que nunca dejé de ser y hay ciertas películas que siguen tocando (a ratos) las teclas adecuadas. Poco queda por inventar. Por eso, cuando escucho que aquellos que vieron en su bandera un motivo por el que matar dejarán de hacerlo, recuerdo las zancadillas. Las mismas que demostraron lo equivocados que estaban, las que asumí como un motivo más por el que levantarme una y otra vez, y no pararme en el camino.

La otra máquina de café

Sólo me he visto a mí apostando por el café de esa máquina.

No entiendo.

Lo cual me lleva a la siguiente reflexión: son los detalles más ínfimos los que determinan nuestras decisiones, aunque dichos detalles sean cuestionables y, cuando nuestra exquisitez anda de oferta, hasta inexistentes.

Coro/Escultor/Tornera

Estás cumpliendo un sueño... justo ahora, a medida que escribo estas líneas. Mas tenlo presente: el mérito es sólo tuyo (de nadie más). El resto aquí estamos para lo que buenamente podamos, y si estamos es porque das tanto o más de lo que recibes, y si así no fuera, igualmente lo mereces. Nosotros, hormiguitas, que suelen callar ante las lágrimas de otra persona, tienen también presente lo mucho que has luchado por esto, y nunca pierden la esperanza de seguir viéndote subida a un escenario y demostrando lo muchísimo que vales.

Hurra por tus compañeros. Hurra por ti.